Y esta sorda desesperación que no me calma, que no me calma,… y mi paz nebulosa, fría, incierta, invisible, que no me habla, que no me habla…
Mis ojos inservibles, miopes, tristes que no me dejan vivir en esta realidad que aun me es ajena y hace insostenible mi alucinación.
Soy el otro abominable ser del otro yo, que conspira contra mi, como si no me conociera, si es que soy yo mismo y soy otro, y no me conozco, y no me conozco.
Como quedo como puedo, no cierro los aojos a la muerte que intenta trabarme por que si, y así saldré y entraré en ficción de nuevo, solo y ahogándome en el humo de mis cigarrillos, solo y asfixiándome en el silencio del horror.
Polvo deshuesado, conjuro brutal, sálvame del olvido abismal, nostálgica rigidez delirante, sálvame del olvido de ese instante de intranquilidad qué crece y se repite en las matemáticas.
No sé, ya no sé. Un plomo crece en mi corazón y se hace grande y pesa más y más y e olvido de sobrevivir incluso con el temor real a la locura.
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