jueves, noviembre 11, 2010

Cumbia Testimonial

La Suavecita.

Yo también quiero irme para quedarme. Pero no sé a dónde ni por qué, supongo porque creo que cuando se pasa mucho tiempo en el mismo lugar sientes ya que no perteneces ahí, tengo la urgente necesidad de salir de esta ciudad, no es que odie todo acá, pero es que tampoco me gusta mucho. En unos días tengo que partir otra vez a Arequipa, ya sin dinero y sin qué hacer claramente, porque nada puedo hacer sobre la rigidez del pasado o la flexibilidad del futuro, pero en este instante, ahora mismo, me siento tan perdido que no tengo nada.

Buscaré a la suavecita si puedo, a lo mejor ya terminó la carrera.

La Suavecita vivía en casa de una anciana, con el tiempo la anciana se convirtió en algo así como su abuela, y ella en algo así como su nieta, comían juntas, conversaban , hacían la limpieza de la casa, la Suavecita llevaba a sus amigas a casa de la abuela, a las que la anciana trataba con mucha amabilidad como que fueran amigas de su nieta, conocía a su enamorado, un chico muy educado, de buenas maneras, muy amable y cariñoso con la Suavecita y la anciana era como que su única familia en ese momento, confiaban la una en la otra, después de que un día la Suavecita tocara la puerta de su casa con un vestido pegado de fiesta y sin nada más, preguntaba por la habitación que la abuela estuviera alquilando, la Suavecita con los ojos negros por el rimer derramado se puso a llorar otra vez y así empezó a contarle su vida a partir de los catorce años cuando decidió fugarse de casa de su madre, estuvo una noche en casa de su amiga y luego se fue a casa de su tía no muy mayor que ella pero que ya tenía una hija y un marido también, estuvo ahí hasta que terminó el colegio, hasta que un día su prima la hecho de su casa porque se sentía celosa o sospechaba que su marido y la suavecita tenían una relación amorosa escondida hace mucho tiempo ya, desde entonces la suavecita estuvo de acá por allá, con trabajos que le permitían sólo pagar su habitación y a veces comer, pero a la suavecita lo que mas le jodía era la soledad y el abandono de su familia, especialmente de su madre, como ella solía decirlo, a veces era feliz y otra veces aun más feliz sobre todo cuando le llegaba el amor sin saberlo y era también a veces infeliz y otras veces aun más infeliz cuando rompía de los muchachos de los que se enamoraba, estuvo así hasta que ingreso a la universidad, era una de las chicas de más edad de su promoción pero era lo que quería siempre, tener una carrera, ser profesional, para cargase en todos, así solía repetirlo a sus intimas amigas; pero la facultad, el trabajo, las cuentas que pagar y empezaban las diversiones, las noches de acciones con los “amix” complicaron un poco el orden que había establecido para si misma. Un día buscando alquileres en los publi-avisos leyó que se necesitaba a señoritas de buena presencia A1, para señoritas de compañía, la paga era buena y el trabajo de algún modo era divertido, sólo tenía que bailar sensualmente y a veces cuando ella quisiera acompañar a ciertos que le solicitaran, pero nada sin su consentimiento. Fue así que conocí a la suavecita, su piel era tan suave como piel de durazno o mejor aun como la textura del pétalo de una flor, siempre me va a faltar las palabras precisas para describirla. Era increíble, increíble. Pero luego empezó a tomar demasiado y ya la paga no era buena ni el trabajo divertido, ni nada, todo se volvió muy duro más duro de lo que ya era. Así se retiró del trabajo, sin nada, con la paga de una noche; se cambió de habitación y conoció a la anciana casera.

Un día llegó una notificación a casa de la abuela sobre la ejecución de un titulo valor por 120 mil dólares, y también apareció en los anuncios económicos la venta de una casa por 90 mil dólares y que no guardaba proporción con el valor real de la casa. La anciana confiaba en la Suavecita y como esta estudiaba derecho le enseño el documento, le explico de que trataba sin mencionar detalles y además recomendó que buscará un abogado, la Suavecita días después se fue de casa de la abuela sin ninguna explicación, la anciana se quedó sólo con las llamadas de teléfono de una sobrina que vivía en Argentina, una semana después llego otra notificación, tuvo que salir de casa de la que usualmente no salía al enterarse de que trataba todo eso. La Suavecita y su enamorado habían interpuesto una demanda sobre ejecución de una letra de cambio que la anciana había firmado por una cantidad de 120 mil dólares, la anciana se quedó sin casa, en la calle, aunque luego su abogado le ayudó a recuperar parte de la casa y que cobró sus servicios con otra parte de lo que quedaba.

La Suavecita no hablaba mucho del asunto, porque luego de unos viajes que hizo, también perdió la parte que pudo ganar con esa jugarreta, nadie sabe en qué circunstancias.

Después de esto sin nada como al principio de cada reinicio continuo con la facultad, hasta que un día conoció a Neto, un muchacho que ya conocía y ella se enamoró, a Neto no le importaba mucho la universidad, trabajaba supervisando las tiendas de ferretería de su padre e importaba carros usado de Estados Unidos, Neto dejó a su enamorada por la suavecita, Neto también se enamoró de la suavecita, y así fue que la Suavecita quedó embarazada sin decidirlo, pero luego surgieron los problemas y las inseguridades y la suavecita terminó abortando, el Neto no la abandonó, la siguió apoyando pero con el tiempo todo se acabó.

Pero la suavecita ya se acostumbraba a los reinicios.

La suavecita hablaba de irse del país con algo, con alguito para ganarse un dinerito extra así, fácil; y se embarcó a España separó un boleto de avión en Luftansa y alzó vuelo, la visa lo tramitaron también así: fácil, y se fue. No sé porqué algunas personas me cuentan cosas que deberían guardar para ellos, pero felizmente olvido completamente y rápido. Estuvo primero en Madrid, luego se fue a Barcelona, Lisboa, París después de un año y luego a Estocolmo, pasándola bien, fiel a su estilo, con todos los excesos o los adornos de la vida, es decir la diversión de las noches y las angustias del día siguiente de las que se reponía muy rapido, pisaba el acelerador al máximo. Recuerdo lo que me solía decir, Párate conchatumare, vamos a bacilar no te hagas el cojudo. incluso los de ultratumba podrían salir si ella lo decía y yo nunca supe cuando estaba bien y cuando infeliz.

En Estocolmo está nuestro amigo Daniel el hombre Sueco-peruano como le solíamos joder, él es el académico, a nosotros nos enturbia el talento hacia el arte es decir somos unos vagos o nuestra disciplina es diferente a la de los demás, ¿Qué estará haciendo?

Conversando con Daniel me he enterado que la suavecita se había mudado hace como dos meses con un Coreano, ha sido breve al decírmelo: Tío la suavecita se ha disparado en la boca, puta que huevada una completa mierda y ya estaba tranquila o eso parecía, todo le iba mal, pero en las ultimas semanas estaba recuperando, creo que quería estar en paz, todas las juergas y el desorden pasan factura y se le hacía un poco difícil salirse del charol, pero lo estaba consiguiendo hasta estaba pensando en regresar a Arequipa.


Estoy hace unos días en esta ciudad ahora con poco dinero para gastarlo sin darme cuenta, pensando en que el trabajo es la actividad de los incapacitados, como uno de los principios del Manifiesto contra el Trabajo. Me han pagado por viajar y lo he hecho con gusto por el momento y no sé si es un trabajo porque aun no he perdido mi libertad.

Me he divertido mucho y no he visto a mis amigos, pero todo salió, no como lo esperaba sino aun mejor porque me encontré con D y M, amigos con mucho talento para las noches en esa ciudad, nos hemos amanecido recorriendo la ciudad y conociendo bares cuando empezamos a pasarla aun mejor nos sacaron del lugar y retomamos con el viaje que se hizo rodar por el asfalto ardiente de un infierno real, duro que agravaba la resaca, que incluso prometí no beber hasta; la próxima vez. Qué demonios nos pasó, no sé dónde estamos, no sé para donde vamos, pero todo se hace más fácil cuando recuerdo a la suavecita, he olvidado su nombre pero recuerdo que un día me dijo que a mi regreso tendremos más confianza y haremos cosas más ricas, y estoy seguro que no se refería a la cocina. Pero es tarde para ella, es tarde para mí, y aun así un infinito de posibilidades se abre en los reinicios.


1 comentarios:

Filacteria dijo...

Waooo Qbi, ahora escribes y mucho, me alegra saber que te lo pasas bien, sigue así y perdona la dejadez, ahora no tengo tiempo para leerte más seguido, pero, ya sabes, difícil olvidar tu blog. Besitos y sigue asi!!!