Los Viajes De Dida Y Juan
He recibido está mañana la llamada de un amigo Brasilero que mide dos metros con cinco centímetros, le conocí por –ahora- una ex. Me ha contado que es vecino de Paulo Cohelo que a veces se encontraban en la panadería del barrio y que a veces Paulo le guiñaba el ojo y que por eso llegó a sentir tanta desconfianza que había planeado matarlo. El miedo es la explicación de los absurdos más crueles que suceden. Hace unos días Dida intentó escabullirse con sus dos metros cinco centímetros de estatura por entre los alambrados que están encima de los muros que separa las casas de estos vecinos, lo estuvo intentando bastante bien hasta que le cogieron con un revolver que se le caía de la cintura porque el tipo además de alto es muy delgado, no imagino por qué no intentó otra manera de ingresar en la casa quizás con consentimiento del que tal vez se hubiera convertido en su victima o su amante y luego haberle matado. Bueno. No entiendo esa mente criminal tan primitiva o tan falta de imaginación. Me ha dicho que quiere venir a esta ciudad y escapar de todo ese alboroto; su tío que es el juez del Quinto Tribunal de Justicia en Rio movió ciertas influencias para que le dieran libertad condicional, Paulo no intervino en las acciones legales y además dijo que no le guardaba ningún tipo de rencor o algún sentimiento vengativo. ¿Por qué le tendrá tanto odio a Cohelo, y por qué, éste siente tanta simpatía por Dida? la primera idea que se me ocurre es, que es por los guiños que le hacía en la panadería, no sé si fue terrible la mirada de Paulo y que Dida no pudo resistir tal impresión, fue un peligro para su seguridad sexual, o anímica, luego mi siguiente suposición explica: que quizás, haya sido por algunas de las novelas o toda la literatura de Cohelo que había leído mi amigo. Él que es un aficionado a la poesía de los simbolistas y toda la literatura española de vanguardia no soporta lo evidente y menos cree en los textos que ayudan a el “espíritu del hombre” o por lo menos no de esa manera. La otra conjetura es aun más radical es que quizás sea por la forma en que conserva su barba Paulo Cohelo, esa forma de candado gris con algunos pelos rebeldes, pelos anarquistas que desbordan la forma de su rostro en los que algunos incautos como Dida se han detenido, es una posibilidad, aunque no lo creo que pueda ser razón de tanto apasionamiento.
Le he dicho que puede llegar cuando quiera en el primer vuelo o en el autobús más rápido, de inmediato si así lo desea, y que le reservaré un lugar en el que pueda quedarse, será muy raro ver un tipo tan alto en esta ciudad, mi amigo y su gigantismo, mi amigo anti-ecológico que necesita más calorías y en consecuencia necesita más alimento, más trabajo, más ropa, más trabajo, más polución, más arruinar el ecosistema. Así le decía como quién juega con el tema de su estatura.
José hace también unos días se fue en carro al Brasil. Él, por su parte, movido por una fuerte vocación religiosa, quiero decir que viajó a bautizarse en una extraña sexta religiosa liderada por un ex Rockero. José había sido salvado por Salvador, cuando despertó una mañana con una intensa resaca luego de haber salido de Almudena, así se llama el centro de salud mental en esta pequeña ciudad, salió de casa muy temprano a caminar y quedó sentado en un parque, se quedó casi inmóvil, abstraído, sabe dios en que pensaría, parecía una estatua, la gente que pasaba por su lado le miraban con una duda que conmovía, ¿estará vivo? Se preguntaban.
Hasta que un hombre de ropa blanca, con la camisa almidonada y planchada, impecable, con una corbata roja, se le acercó con un cuadernillo en la mano y le dijo: pare de sufrir, su dolor de cabeza desapareció de inmediato como si fuera un milagro y empezó a recordar el viaje en la que quedó loco aunque él nunca supo que lo estuviera. Juan y los compañeros de la facultad compramos pasajes de ida en avión a Lima para llegar al II Seminario Internacional de Derecho Penal y Procesal Penal. Llegamos todos, regresamos casi todos menos Juan, perdió los papeles y perdió el bus, estuvo internado un par de meses en Lima sin que su familia pudiera traerle. Juan era el campeón de ajedrez en está ciudad, el tercero en el país, presidente de la liga de ajedrez de está ciudad, además profesor de ajedrez para niños y estudiante de Derecho. Después de muchos tramites pudo volver y luego de algunos días, fue internado está vez en el manicomio de esta ciudad. No puedo olvidar su rostro redondo, sus ojos pequeños que apuntaban a ningún lado, perdido en su propio laberinto mental, luchando con sus propios monstruos, partida en la que al parecer iba perdiendo, a juzgar la expresión de su físico de también total abandono como una casa que se deja al tiempo y a la ausencia de sus dueños, así de duro era la expresión, quizá debido al implacable terror que mi amigo Juan sentía por la realidad o dios sabe qué.
Dida y José se habían encontrado casualmente en Santa Cruz, Bolivia. –De qué parte del Brasil eres, preguntó Juan. –Fala conmigo? Respondió Dida. Y así empezó ese breve y extraño encuentro entre mis amigos. –En Brasil todos son muy altos ¿no? Decía Juan esperando la confirmación de Dida a lo que respondió, en castellano bien pronunciado. –No, hay de todo. ¿Y en tu país siempre preguntan tanto? ¿Qué por qué voy a Perú? ¿Qué por qué soy alto? –Disculpa amigo no te molestes. Dijo Juan. Y se alargó el silenció.
Ambos casi simultáneamente volvieron a empezar una conversación esta vez cordial y se contaron mutuamente los sucesos con los que acompañaban sus viajes. Dida le dio algunos teléfonos de amigos Brasileros, por su parte Juan sólo bendiciones y la mejor suerte para él.
Dida llega en unos días, al que recibiré e instalaré en un departamento céntrico de la ciudad, por la estima mutua que nos tenemos, aunque aun no sé como decirle que Paulo Cohelo estará también en esta ciudad en un congreso literario que al parecer durará cuatro semanas y el encuentro podría ser inevitable.
Por otra parte Juan a llegado a Salvador, fue recibido por un par de lesbianas de figuras esculturales, detalle que no llamó su atención. Le han instalado en una reluciente habitación de madera, en un segundo piso impecable, con vista al mar, sintió de inmediato la brisa del mar atlántico. Abrieron una Cocacola helada, y Juan empezó con un discurso hibrido sobre religión, habló de la necesidad que la tierra tiene por sobrevivir, que el cuerpo real de Cristo es la tierra y el único medio para salvarnos es volver a la tierra, que en resumen también es nuestra madre, padre, hijo y hermanos. Decía Juan, en un castellano lento para que sus amigas lesbianas y un par de canadienses que se unieron y que oían con sumo intereses, entendieran. -El único amor autentico es el mutuo, el que se corresponde entre el hombre y la tierra y su realización es mediante la muerte, tenemos la obligación de proclamarlo al mundo que la tierra sólo sobrevivirá con nuestras muertes, morir para vivir. Terminaba de hablar Juan con sus dedos cruzados y sus pulgares que giraban uno alrededor del otro.
Dida y José se habían encontrado casualmente en Santa Cruz, Bolivia. –De qué parte del Brasil eres, preguntó Juan. –Fala conmigo? Respondió Dida. Y así empezó ese breve y extraño encuentro entre mis amigos. –En Brasil todos son muy altos ¿no? Decía Juan esperando la confirmación de Dida a lo que respondió, en castellano bien pronunciado. –No, hay de todo. ¿Y en tu país siempre preguntan tanto? ¿Qué por qué voy a Perú? ¿Qué por qué soy alto? –Disculpa amigo no te molestes. Dijo Juan. Y se alargó el silenció.
Ambos casi simultáneamente volvieron a empezar una conversación esta vez cordial y se contaron mutuamente los sucesos con los que acompañaban sus viajes. Dida le dio algunos teléfonos de amigos Brasileros, por su parte Juan sólo bendiciones y la mejor suerte para él.
Dida llega en unos días, al que recibiré e instalaré en un departamento céntrico de la ciudad, por la estima mutua que nos tenemos, aunque aun no sé como decirle que Paulo Cohelo estará también en esta ciudad en un congreso literario que al parecer durará cuatro semanas y el encuentro podría ser inevitable.
Por otra parte Juan a llegado a Salvador, fue recibido por un par de lesbianas de figuras esculturales, detalle que no llamó su atención. Le han instalado en una reluciente habitación de madera, en un segundo piso impecable, con vista al mar, sintió de inmediato la brisa del mar atlántico. Abrieron una Cocacola helada, y Juan empezó con un discurso hibrido sobre religión, habló de la necesidad que la tierra tiene por sobrevivir, que el cuerpo real de Cristo es la tierra y el único medio para salvarnos es volver a la tierra, que en resumen también es nuestra madre, padre, hijo y hermanos. Decía Juan, en un castellano lento para que sus amigas lesbianas y un par de canadienses que se unieron y que oían con sumo intereses, entendieran. -El único amor autentico es el mutuo, el que se corresponde entre el hombre y la tierra y su realización es mediante la muerte, tenemos la obligación de proclamarlo al mundo que la tierra sólo sobrevivirá con nuestras muertes, morir para vivir. Terminaba de hablar Juan con sus dedos cruzados y sus pulgares que giraban uno alrededor del otro.
2 comentarios:
Muy bueno el blog, te dejo el mio
http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/
Nos leemos, saludos.
Não acredito que Juan fosse tão louco. Concordo com 4 pares de suas teorias. Ou.... sou louca também. Talvez.
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